El Síndrome de Dolor Patelofemoral (SDPF), comúnmente conocido como “Rodilla de Corredor”, es una de las causas más frecuentes de dolor en la parte delantera de la rodilla. Afecta principalmente a personas activas, corredores, atletas y, de manera más común, a mujeres y adultos jóvenes.
¿Qué es?
Se refiere al dolor que se origina en la articulación patelofemoral, que es la articulación entre la rótula (patella) y el fémur (hueso del muslo). Normalmente, la rótula se desliza suavemente dentro de un surco en el fémur cuando la rodilla se flexiona y extiende. En el SDPF, este movimiento no es el adecuado, lo que puede generar irritación o desgaste del cartílago debajo de la rótula y, en ocasiones, incluso causar la afección conocida como condromalacia rotuliana (reblandecimiento o daño del cartílago).
Síntomas Principales
El síntoma cardinal es un dolor sordo y persistente alrededor o detrás de la rótula. Este dolor suele empeorar con actividades que aumentan la carga sobre la articulación patelofemoral:
- Correr (especialmente cuesta abajo o en superficies duras).
- Subir o bajar escaleras.
- Arrodillarse o ponerse en cuclillas.
- Estar sentado por períodos prolongados con las rodillas flexionadas (conocido como “signo del cine”).
- Dolor después de largos periodos de actividad física.
- También se pueden experimentar chasquidos o crujidos (crepitación) en la rodilla al moverse.
- Sensación de “encasquillamiento” o molestia.
Causas del SDPF
Las causas son multifactoriales y suelen estar relacionadas con un desequilibrio de fuerzas que actúan sobre la rótula, impidiendo su correcto deslizamiento. Algunas de las más comunes incluyen:
- Uso excesivo o sobrecarga: Actividades repetitivas que implican flexión y extensión de la rodilla, como correr, saltar o hacer sentadillas, pueden irritar el tejido debajo de la rótula.
- Desequilibrios o debilidad muscular:
- Debilidad del cuádriceps, especialmente del vasto medial oblicuo (VMO), que ayuda a estabilizar la rótula.
- Debilidad de los músculos de la cadera (glúteos, especialmente el glúteo medio), que pueden afectar la alineación de la pierna y la rodilla.
- Músculos isquiotibiales y gemelos tensos o con poca flexibilidad.
- Problemas de alineación:
- Mal alineamiento de la rótula dentro del surco femoral.
- Excesiva rotación interna del fémur o pronación excesiva del pie (pie plano), que pueden alterar la biomecánica de la rodilla.
- Ángulo Q aumentado: Un ángulo mayor entre el fémur y la tibia, más común en mujeres debido a la mayor anchura de la pelvis.
- Lesiones previas: Traumatismos directos en la rótula, como dislocaciones o fracturas.
- Factores relacionados con el entrenamiento: Cambios bruscos en la intensidad, duración o tipo de entrenamiento, uso de calzado inadecuado o superficies de carrera irregulares.
Diagnóstico
El diagnóstico del SDPF se basa principalmente en:
- Historial clínico detallado: Preguntas sobre los síntomas, el tipo de actividad física y cuándo aparece el dolor.
- Examen físico minucioso: Evaluación de la alineación de la rodilla y la extremidad inferior, fuerza muscular, flexibilidad y palpación de la zona de dolor.
- Estudios de imagen: Las radiografías pueden ser útiles para descartar otras patologías óseas o problemas de alineación severos. La resonancia magnética (RM) rara vez es necesaria, pero puede usarse para evaluar el cartílago u otras estructuras si se sospecha una lesión diferente.
Tratamiento
El tratamiento del SDPF es en su gran mayoría conservador (no quirúrgico) y muy efectivo. El objetivo es aliviar el dolor y corregir los factores que contribuyen a la condición.
- Reposo Relativo y Modificación de la Actividad:
- Disminuir o evitar las actividades que desencadenan el dolor (correr, saltar, sentadillas profundas, subir/bajar escaleras) hasta que el dolor mejore.
- Optar por actividades de bajo impacto como natación o ciclismo.
- Manejo del Dolor e Inflamación:
- Hielo: Aplicar hielo en la zona afectada después de la actividad o cuando haya dolor.
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): Medicamentos como ibuprofeno o naproxeno pueden ayudar a reducir el dolor y la inflamación (siempre bajo supervisión médica y por períodos cortos).
- Fisioterapia: Es la piedra angular del tratamiento y se enfoca en:
- Fortalecimiento muscular: Ejercicios para fortalecer el cuádriceps (especialmente el VMO), los músculos de la cadera (glúteos) y los músculos del core, para mejorar la estabilidad y alineación de la rótula.
- Estiramientos: Mejorar la flexibilidad de los isquiotibiales, gemelos, banda iliotibial y cuádriceps.
- Reeducación del movimiento: Aprender patrones de movimiento correctos durante actividades como sentadillas o la carrera.
- Técnicas de vendaje (taping patelar): Aplicación de vendajes kinesiológicos o deportivos que pueden ayudar a mejorar la alineación de la rótula y reducir el dolor durante la actividad.
- Dispositivos de Soporte:
- Plantillas ortopédicas: Personalizadas o de venta libre, para corregir problemas de pronación del pie y mejorar la alineación de la extremidad inferior.
- Rodilleras: Algunas rodilleras con soporte patelar pueden ayudar a guiar la rótula.
- Educación y Prevención:
- Calzado adecuado: Usar zapatillas con buena amortiguación y soporte, y reemplazarlas regularmente.
- Progresión gradual del entrenamiento: Aumentar la intensidad y duración de las actividades lentamente.
- Evitar el sobrepeso: Mantener un peso saludable para reducir la carga sobre las rodillas.
- Escuchar al cuerpo: No ignorar el dolor y buscar ayuda profesional si persiste.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía para el SDPF es rara vez necesaria y se reserva para casos muy severos y persistentes que no han respondido a un programa de tratamiento conservador intensivo y prolongado. Los procedimientos quirúrgicos, generalmente realizados por artroscopia, pueden incluir:
- Liberación del retináculo lateral: Para aliviar la tensión en el lado externo de la rótula.
- Realineación de la rótula: En casos de mala alineación severa.
Como especialista en miembros inferiores, el SDPF es una condición que verás con frecuencia. Un enfoque integral que combine un diagnóstico preciso, fisioterapia personalizada y educación al paciente es clave para una recuperación exitosa.